Psicólogo de adolescentes

adolescentesSomos psicólogos de adolescentes en Madrid. Con los adolescentes trabajamos desde una posición de escucha que nos permite abordar sus problemas sin necesidad de condenarles o rechazarles por su modo de entender la vida. Es una época de la vida en la que los conflictos con sus padres, los problemas con los cambios sexuales en el cuerpo, el nacimiento de nuevos deseos, la necesidad de afirmarse como seres autónomos y la urgencia por probar cosas nuevas, son vividas con un gran desgarro emocional, con fuertes sentimientos de euforia o depresión y una dosis muy grande de angustia. Con ellos se trata de ayudarles a que sus cambios personales no supongan desencuentro, desafío o lucha con los adultos que les rodean, especialmente sus padres, o que el rechazo a esos cambios les lleve a conductas tan extremas y angustiantes como la anorexia.

Para la buena resolución de los casos, necesitamos la colaboración de los padres y de sus profesores. Por eso, cuando es necesario, acudimos a hablar con sus tutores en sus centros de estudio.

Síntomas de un problema en los adolescentes

Si su hijo le comunica cambios en su carácter o sensaciones que lo asustan o usted observa alguno de los síntomas que le enunciamos a continuación, es conveniente acudir al psicólogo cuanto antes:

  • Cambios significativos y frecuentes en su ánimo
  • Encierro frecuente durante los fines de semana
  • Rechazo de la comida, o comer sin parar, o de la higiene diaria
  • Problemas con el sueño
  • Comportamientos extraños o extravagantes
  • Sospecha de conductas delictivas
  • Sospecha de consumo de estupefacientes
  • Agresividad excesiva y desobediencia sistemática
  • Conocer que ha tenido una ruptura amorosa que no puede aceptar

La consulta al psicólogo es totalmente necesaria si observa en él, además, síntomas específicos que denuncian la presencia clara de un trastorno (ansiedad o angustia frecuente, fobias, obsesiones, repetición de actos extraños, ánimo depresivo…).

Trastornos de la niñez y adolescencia

Los trastornos de la niñez y la adolescencia más habituales suelen ser:

Existen trastornos que se consideran exclusivos de la infancia, aunque un niño puede sufrir la mayoría de trastornos que sufre un adulto, y viceversa; las únicas excepciones son el trastorno antisocial, que no se puede diagnosticar en menores de 18 años, y el trastorno de ansiedad de separación, que requiere que su aparición sea necesariamente en la infancia.

Entre los específicos de la infancia encontramos el retraso mental, los trastornos generalizados del desarrollo que corresponden al espectro autista (autismo, trastorno de asperger, trastorno de rett, y trastorno desintegrativo infantil), el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, el trastorno disocial, trastorno negativista desafiante, enuresis, encopresis, trastorno de ansiedad de separación, mutismo selectivo, trastorno reactivo de la vinculación, trastorno de movimientos estereotipados y trastornos de tics (transitorios, crónicos y de la Tourette), pica, trastorno de rumiación, trastorno de la ingestión alimentaria de la infancia o la niñez y una serie de trastornos relacionados con el propio desarrollo infantil (trastornos de las habilidades motoras, trastornos de la comunicación, trastornos de aprendizaje.

Trastornos de la conducta alimentaria

Este grupo de trastornos ha adquirido mucha importancia en las últimas décadas, además de por su evidente efecto en la salud de la persona y el riesgo que suponen, por su prevalencia, que se ha multiplicado, y porque ha disminuido la edad de inicio.

En estos trastornos hay una característica común y muy importante: la exageración de la importancia del peso y la silueta corporal en la autoevaluación. Algunas conductas que pueden aparecer repetidamente son el ejercicio físico excesivo y el uso de laxantes y diuréticos.

Trastornos de la conducta alimentaria: anorexia nerviosa, bulimia…

La principal característica de esta afección es el rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal considerando la edad y la talla de la persona, así como un miedo intenso a ganar peso o convertirse en obeso, aun estando por debajo del peso normal.

En los casos en los que el IMC sea de 14 o inferior se procederá a la hospitalización del paciente, pues su vida peligra seriamente. También se optará por esta solución cuando no cuente con un entorno familiar adecuado para llevar a cabo una terapia en el ámbito ambulatorio o cuando exista riesgo de suicidio o sus conductas y los efectos derivados de éstas (desequilibrio electrolítico,…) así lo requieran. En estos casos, el principal objetivo será la recuperación progresiva del peso y la mejora de los efectos físicos.

Sin embargo, lo mejor y más recomendable, siempre que sea posible y si se cuenta con un entorno familiar colaborador, es el tratamiento ambulatorio psicológico, en el que se tratarán simultáneamente la pérdida de peso, las ideas distorsionadas sobre su imagen y el peso corporal, los rituales instaurados y que perpetúan el trastorno, así como todos los factores de su vida personal, familiar, escolar, etc., que surgieron durante su infancia o en el momento actual que hayan podido provocar, desencadenar o agravar el trastorno.

 
Problema

Realizamos un completo diagnóstico de su problemática

Solución

Planteamos un tratamiento completamente personalizado

Recuperación

Realizamos un seguimiento posterior en todos los casos